lunes, noviembre 26, 2007

Arroz triste (Propuesto por Cris)

-Oh, ¡joder!- dijo Alfonso al ver que por tercera vez esa semana, el arroz no se dejaba hervir. De nuevo, la maldita olla, había apagado el fuego con su lengua espumosa, ensuciando los fogones.
Comprovó el estado del arroz, estaba bastante más crujiente de lo recomendable, pero tenía hambre. Debían ser las doce pasadas, y quería volver al sofá cuanto antes, a dejar que el televisor pensase por él. Ya lo limpiaría todo al despertarse, cuando quiera que fuese eso.

Y eso fué, unas cinco horas después, en el sofá, con gran parte del arroz encima de la camiseta y el plato sucio abrazado cuál osito de peluche contra el pecho.
- Oh... joder... - murmuró con la boca pastosa.
En un alarde de actividad, dejó el plato en la cocina, la camiseta en el montón de la ropa para lavar y se metió en la cama.

Unas horas más tarde el timbre de la puerta sonó.
- Mmm?... MJmomMdmer...
Andando trabajosamente llegó hasta la puerta y abrió. Ante él una chica de unos veintitantos sonreía mientras sostenía lo que parecía ser un libro de cocina.
- Buenos días - sólo dijo eso, pero sus ojos, su pelo y su sonrisa le mostraron mucho más.
- Buenos... - en ese momento cayó en la cuenta de que no llevaba camiseta - ... días... - Eso dejó de parecerle un motivo de vergüenza cuando la chica anadió.
- Tiene un grano de arroz en la frente y otro en la mejilla derecha.
Medio dormido se limpió, patoso y avergonzado.
- también tiene algunos por el cuerpo. Una cena movidita, ¿eh? - Añadió la muchacha guiñandole un ojo.

Alfonso se rindió.
- Bueno, ¿que querías?
- Ah, pués mi intención no era cortaros el rollo al arroz y a tí - Empezó ella divertida, contenta de poder pasar al tuteo y tomándose algunas libertades extra. - En realidad venía a intentar venderte este libro de cocina.
Alfonso no sabía que decir.
Activando el modo vendedora profesional, la chica continuó:
- Hoy en día hay mucha gente que, por mucho que le guste comer bien, por un motivo u otro, come muy mal. Por falta de tiempo o simplemente de ganas de cocinar.
- Ajá... - consiguió decir él.
- Pués en este libro hay un montón de recetas sencillas, sanas y rápidas de preparar. Más incluso que un plato de arroz.
- ...
- si quiere...s, te hago una demostración
-¿como dices?
- que si quieres te preparo algo rápido, como demostración. Ya es la hora de comer.
- Bueno, el caso es que acabo de levantarme y pensaba darme una ducha...
- Perfecto, yo cocino algo mientras tú te duchas. Que estoy segura de que después de probarlo, vas a querer comprar el libro.

Alfonso se quedó mirandola, cautivado por la energía desbordante de aquella vendedora, no sabía que hacer... meter a una desconocida en su casa y dejarla a sus anchas mientras él se encerraba en el baño, no parecía muy inteligente por su parte. ¿Pero desde cuando un hombre que se precie, puede actuar inteligentemente cuando se trata de unos ojos como aquellos?, oh, y esa sonrisa, menuda sonrisa.

- Esta bien, sorpréndeme - dijo él.
- No te arrepentirás - dijo ella clavándole el dedo en el pecho y entrando dando saltitos.
- La cocina está algo sucia, pero hay cacharros limpios en los armarios, si necesitas algo...
- Te quito agua caliente - le interrumpió ella con una versión aún mejor de su sonrisa.
- Golpea la puerta del baño.

Veinte minutos después, Alfonso todavía estaba bajo el agua. Pensando en como enfocar aquella situación. ¿Sería la simpatía de aquella chica algo más que simple interés por vender?, al final llegó a la conclusión de que convirtiéndose en uva pasa no iba a descubrirlo, asi que apagó el agua que empezaba a arrugarle la piel, se secó y salió del baño.

Media hora después, estaba solo, comiéndose otro de sus ya tradicionales arroces hervidos. En su sofá mirando una película bastante mala, en un televisor antiguo que hacía algunos años había guardado en un armario. Y es que aquella preciosidad, además de hermosa era fuerte... aún no entendía como había podido robarle un televisor de tubo de cuarenta pulgadas...