Aullando a la luna (Propuesto por Alex)
A lo largo de la historia muchos seres han dedicado una especial atención a la luna. Para empezar los lobos, pero después ha habido otros. Humanos borrachos, por ejemplo, o estresados, han aullado a nuestro satélite como forma de liberación o vete a saber tu de que.
Pero yo os hablaré de un sapo. Verde, gordo, viscosete... un sapo.
Se tiraba las noches subido a SU roca en medio de SU lago. Contemplando la luna. Le tenía obsesionado, tan grande y luminosa. Durante un tiempo pensó que podría ser algún tipo de insecto que podría engullir, pero tras varios intentos fallidos de capturarla de un lengüetazo decidió que fuera lo que fuese, permanecería allí arriba, fuera de su alcance, permitiéndole simplemente tener algo hermoso que admirar.
Era el único sapo macho del lago, eso habría estado bien si hubiese estado plagado de sapos hembra... pero tampoco había ni una. Recordaba vagamente haber nadado rodeado de ellas en su infancia, pero en algun momento... pufff, desaparecieron.
Era un lago tranquilo. Sin sapos dando por saco, el agua solía estar completamente quieta y eso le gustaba. Cuando no estaba subido a SU piedra, se dedicaba a hacerse el muerto, flotando en el agua boca arriba complemente relajado. Panza blanca hacía el cielo y con la mirada perdida por la superficie del lago.
De vez en cuando oía voces, "¡mira una rana, papá!".
-Soy un sapo, capullo- pensaba él.
"¿esta muerta? voy a tirarle una piedra".
-¡Mierda!- Y tenía que hundirse rápidamente antes de empezar a tomarse en serio su interpretación de cadáver anfibio.
Un par de veces había descubierto alguna hembra humana mirándole con curiosidad desde la orilla y se había acercado a ella a ver que quería. Tal vez tendría alguna piedra también y pretendía abrirlo en dos, pero él era macho y como tal debía arriesgarse.
A veces huían rapidamente al ver su gordo cuerpo emerger de un salto a su lado, otra veces le daban con un palo o le contaban algo. Pero otras, le besaban. Él se quedaba allí contento, esperando un segundo beso, pero al ver que no se había transformado en el príncipe que ellas esperaban acababan huyendo también o dándole con un palo.
Otras le lamían el lomo con la esperanza de que fuera uno de esos sapos con propiedades psicotrópicas, pero también acababan largándose desilusionadas.
Ocurriese lo que ocurriera, cada día terminaba con el sapo subido a SU piedra contemplando SU luna.



1 Comments:
Este diria que es el mas autobiografico que he escrito hasta ahora :p.
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