viernes, octubre 28, 2005

El virus del miedo (Propuesto por Marta G.)

El Dr. Giussepe Fellini hizo un descubrimiento asombroso que sin duda cambiaría completamente la vida de muchísimas personas.
Aisló un virus, que según él, era el responsable de su terror a las arañas. Durante el discurso en el congreso médico donde hizo público su descubrimiento, lucía orgulloso sobre su hombro derecho una tarántula de casi un quilo de peso a la que iba alimentando mientras hablaba.

Los pocos asistentes que conocían realmente al doctor no salían de su asombro y contemplaban boquiabiertos, como la colosal araña se movía a sus anchas alrededor de su colega sin provocar reacción alguna. El resto de asistentes en cambio lo observaban como si estuviese completamente loco.

No consiguió apoyo económico de ningún tipo y se convirtió en el hazmerreír de sus compañeros. Pero Giussepe no era de los que se desaniman y si lo hubiera sido no habría tenido más que vacunarse contra el miedo al fracaso. Sabía como hacerlo.

Pero del mismo modo que los futurólogos tienen clientes, mucha gente acudió a él en un intento desesperado por superar sus miedos. Asi fué como poco a poco "El Mago" Fellini, como empezaron a llarmarle, acabó por obtener el reconocimiento que merecía. Por eso sorprendió a todo el mundo que de golpe y porrazo detuviera todo su trabajo y quemará todos sus apuntes.

El buen doctor tuvo muchos clientes. Aisló el pánico a las alturas a un joven y le diseñó una vacuna que le permitió dedicarse a su gran pasión, la escalada. A una mujer mayor le proporcionó la cura a su pánico al envejecimiento y eso le permitió disfrutar al máximo de sus últimos días de vida.
"Si había ayudado a tanta gente, ¿porqué lo dejo todo?", se preguntaba la gente.

El motivo sólo lo sabían él y su querida esposa. Se habían conocido de muy jóvenes y se habían querido y deseado con locura desde el primer día. Ninguno de los dos podía imaginarse la vida sin el otro. Estaban tan unidos que Giussepe era incapaz de dedicar a su trabajo las horas necesarias para erradicar el miedo de la faz del planeta. Empezó a obsesionarse. "Sin miedo no habría guerras!", repetía una y otra vez. Su mujer insistía en que lo superarían, que no fuese pelmazo y se encerrara en su laboratorio a salvar al mundo. Era muy fácil para ella decir eso mientras le abrazaba y le sonreía estando tumbados en el sofa una tarde de domingo.

Finalmente decidieron vacunarse contra el miedo a la soledad. Pensaron que así los momentos en los que estuviesen solos, no serían tan duros. Cual fué la desagradable sorpresa para Giussepe cuando tras vacunar a su mujer, esta pidiendo mil perdones decidió largarse de viaje para no volver.
Giussepe creyó que además de inmunizar a su mujer contra el virus del miedo a la soledad, había alterado de alguna forma su metabolismo inmunizándola también contra la posibilidad de amar.
Así que no quiso arriesgarse a causar el mismo problema en próximos pacientes y provocar en los demás el sufrimiento que él estaba sintiendo.
Pensó en vacunarse él también, pero no quiso arriesgarse a que en su nueva condición decidiese
proseguir con sus investigaciones y que acabasen pagándolo personas inocentes.

¿Pero realmente la vacuna del doctor había tenido algún efecto secundario en su mujer? o simplemente el amor es fruto de nuestro miedo a la soledad.

2 Comments:

At 1:45 p. m., Blogger Dario said...

Mola, poses en forma de relat el que es veu com una deducció lógica dels "sentiments" humans.
Que bé a ser: L'amor es el més egoísta dels sentiments.

S'agraeix la reflexió que repeteixes al final, per esborrar cualsevol dubte sobre tema del relat.

 
At 12:18 p. m., Anonymous Anónimo said...

Ara vas i l'explicas esto a tu novia a ver ke te dice eh...

 

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