martes, noviembre 27, 2007

El amanecer de los amantes vivientes

Una sala de hospital abandonada, llena de mugre y mal iluminada. Un científico loco ultima la que espera será la fórmula definitiva. En sus gafas el reflejo de un flexo, su rostro mal afeitado y tenso, su frente perlada por el sudor. Vierte el contenido de una probeta a otra, agita la mezcla y la observa satisfecho. Su ex-novia está sedada y atada a una camilla cercana. "Muhahahaha!!", piensa él. El chiflado con bata blanca se gira hacia la mujer indefensa.
- Creo que no estoy preparada para una relación - dice él con corrosivo sarcasmo.
Ella se agita en sueños, mientras él le inyecta el líquido verde recién creado.

27 días, 3 horas y algunos minutos después, Jack, John y Carla son los únicos que se han librado de la infección. Corren por una avenida repleta de coches quemados y basura por todas partes. El eco de sus pisadas parece ser su única compañía.
- Quién nos iba a decir que ser unos borrachos nos salvaría, ¿eh? - Dijo Jack.
- Yo no soy ninguna borracha, simplemente no bebo agua del grifo, la bebo embotellada - puntualizó Carla.
- Reservad el aliento, aún no hemos salido de aquí - intervinó John con aire grave.
- Tio, no seas pelmazo. Con lo majo que eres con un par de birras encima.
- Jack, no levantes la voz, creo que he oído algo.

Lo que incialmente parecía ser sólo el viento, fué cobrando intesidad hasta convertirse en los gritos claros y estridentes de los infectados.
- ¡Volved aquí, sólo quiero que vivamos juntos! - gritaba uno.
- Un bebé, sólo pido un bebé - gritaba otra voz.
- Cerebrooooos - gritaba algún despistado.

Andaban despacio, pero había cientos de ellos. Entraban en la avenida por todas las calles adyacentes, no había escapatoria.
Desesperados, buscaron refugio en un bar cercano. Aseguraron las puertas y ventanas como pudieron. Cargaron las armas que habían conseguido reunir en los dias pasados y se miraron nerviosos. Sabían que no podían matar a todos aquellos... zombies del amor, tarde o temprano entrarían, les morderían y todo se habría acabado. Su cerebro dejaría de ser capaz de realizar operaciones complejas, solo podrían ocuparse de tareas primitivas y simples como decir "te quiero" o "eres lo único que me importa".

Los zombies llegaron hasta las puertas y ventanas, se agolparon allí y por la simple presión de miles de cuerpos terminaron por entrar.
- Lo eres todo para mí - decía un chico de unos veinte años, mientras se acercaba cojeando con un pie del revés.
- Dame un abrazo - dijo otro algo mayor. Tenía una fea marca de mordisco en el cuello llena de pus.
- ¡Abraza esto! - gritó Clara disparandole a bocajarro.
- No seas así, ven conmigo - dijo el disparado arrastrandose hacia ella. Se podia ver el suelo ensangrentado a través de su espalda agujereada.
- Ah!! - volvió a gritar ella, disparando hasta quedarse sin cartuchos y desaparecer entre un mar de cadaveres andantes.

Jack y John tuvieron algo más de suerte, disparando y retrocediendo habían conseguido encerrarse en los lavabos.
- No pinta nada bien - Dijo John mirando a la puerta cerrada.
- No... la verdad es que no - Dijo Jack viendo una herida de mordisco en su brazo.
Sintiendo el pesar en la voz de su compañero, John se giró y se quedó pasmado. No sabía que hacer. Sabía perfectamente lo que debía hacer, pero era su amigo, era su...
"PuuMmMmMm"
- A tomar por culo - Dijo recargando su escopeta. Abrió la puerta del baño gritando - ¡Venid a por mi malditos, tengo para todos!.

Los zombies estaban parados mirandole.
- ¿Te has cargado al guapo de tu amigo? - alcanzó a borbotear lo que quedaba de una azafata de avión.
- Pssi... - dijo él. No sabía que demonios estaba sucediendo.
- Ohhh... - suspirarón todos los cadaveres andantes. Se dieron la vuelta y se largaron.
- Manda huevos... - dijo él.