Un pueblo cualquiera (Parte II)
Sin reducir un ápice la marcha, mis compañeros irrumpen en el pueblo, ignorando a los niños que se apartan en el último momento. Los muy hijos de puta tienen claro el orden a seguir. Los adultos en condición de luchar deben caer primero, después ancianos, enfermos y niños.
Detengo mi caballo, no pienso participar en esto. Los niños discuten nerviosos entre sí a pocos metros. Les ignoro y observo las acciones de mis compañeros. Se han separado en grupos de tres y van apareciendo y desapareciendo entre las calles, gritando, amenazando... Los primeros alaridos desgarran el aire a mi alrededor. Es una mujer, no se si su agonía proviene de una herida propia o de la muerte de un ser querido.
- ¿ Van a matarnos a todos ? - Una voz clara y musical llega de debajo de mi caballo. Me inclino y veo a un niño de unos seis años, que me mira con unos enormes ojos castaños abiertos de par en par, mientras mordisquea nervioso su labio inferior.
Me muevo incómodo y no contesto.
- ¿ Porqué ? - la misma maldita voz, clavándose en mis oidos, rasgando mi conciencia. La ignoro, pienso en la granja de mi abuelo. Debo ser fuerte, no es mi problema, sólo me importa recuperar mi vida y que este infierno termine cuanto antes. ¡Maldita sea!.
Me inclino, quito al niño de debajo sin contemplaciones, espoleo a mi caballo, desenvaino la espada y me dirijo, lo más rápido que puedo, hacia tres de mis compañeros que han desmontado y estan concentrados intentando derribar una puerta.
- ¡ Deteneos !, ¡esto no tiene ningún sentido! - grito desde la distancia. Ellos me ignoran.
La puerta de una casa cercana se abre y un chico joven sale de ella con un cuchillo de cocina.
- ¡Dejadnos tranquilos, largaos!.
Contentos de tener un objetivo accesible los tres asaltantes dejan la puerta y se dirijen con gesto de triunfo hacia su víctima.
Llego yo primero e interpongo mi caballo.
- Ya os habeis divertido suficiente, aqui no hay gente armada.
- Yo veo un cuchillo en la mano del chico, Sam - Dice con sarna el más bruto de los tres.
- Debería preocuparte más la espada que tengo yo - Le contesto exhibiendo la magnífica arma de mi padre. Una vez me contó que la había "adquirido" en uno de los muchos castillos que había ayudado a reducir a cenizas.
Sus dos compañeros intercambian miradas nerviosas. Ensañarse con gente desarmada es una cosa, como cortar pastel. Enfrentarse al mejor espadachín de la promoción, protegido por la mítica armadura de su padre, era algo muy diferente. Pero el bruto no se amedranta.
Dando un par de zancadas hacia un lado intenta rodear mi caballo, pero al bloquearle el paso de nuevo decide atacar. Ni siquiere necesito usar la espada, esta cerca, le propino una patada directamente a la mandíbula lanzandolo hacia atrás. Mis esperanzas de que sus dos compañeros se acobarden se desbanecen cuando saltan sobre mí.
Uno me agarra del brazo mientras el otro desequilibra al caballo. Noto que caigo, pero soy más fuerte que mi agresor así que consigo terminar cayendo sobre él, mucho menos doloroso que besar el suelo desde esta altura. Me levanto rápidamente. No hay tiempo para tonterias, el mal ya esta hecho. Un par de mandobles y ya son tres los cuerpos inhertes en el suelo.
El pobre chico sigue exactamente en la misma posición, sujetando tembloroso el cuchillo. Le dedico sólo una mirada, vuelvo a montar y voy a recorrer el pueblo en busca de los otros grupos.
No me es nada fácil, pero en grupos de tres y con la sorpresa como aliada termino con todos ellos. Las miradas de terror de algunos de ellos siguen dibujadas en mi retina, pero ya empiezan a desaparecer.
Mientras me limpio la sangre de la espada con la capa de uno de mis excompañeros un aldeano se me acerca tímidamente.
- Mu... muchas gra... gracias...
- ¿Teneis armas? ¿ armaduras ? - Le respondo
- No... no podemos luchar contra tu ejercito... nos masacrarían. - Me dice con cara de pánico.
- ¿Teneis suficientes para vestir a una decena de vuestros muertos ? No pienso suicidarme, simularemos que efectivamente habia presencia hostil - Y con un poco de suerte no van a colgarme por esto, añado para mis adentros.
Un par de horas más tarde tenemos nueve soldados de los mios muertos a manos de seis hombres de armaduras harapientas y otros cuatro sin protección alguna. No se lo van a creer.
El sonido de un cuerno anuncia la llegada del grueso del ejército. Recitando una plegaria envaino mi espada y me preparo para lo peor.
(continuará?)



6 Comments:
vaya vaaayaa... ara ya más bien empieza a parecer una pelicula de telecinco-sabado por la tarde.
Suerte que habrá una tercera parte para arreglar esta pseudodecepción-rajada por parte del autor ... xD
Hay dias que me levanto mas sádico que otros :p. Cuando pille ganas para el desenlace a ver como sale ;-). La idea inicial era bastante chunga, ya te lo digo ahora XD, claro que la idea incial para la segunda parte tambien lo era bastante :-).
¿cómo que si continuará? ¡coño, si acaba de nacer un héroe! no me digas que le sacas a la palestra para nada...
Lo vas a tener complicado, porque ahora se tendrá que cargar al grueso del ejército, no??
Te dejo la espada laser?
...ehem... el grueso del ejército tendrá un caballo más grande que el resto, no? un percherón o algo así...
Revequita humor estúpido se despide por hoy...(Aplausos)
(perdón, que me pone boba que las cosas me salgan bien...)
joder, que bien sienta ver que no soy el unico con esta clase de humor :-).
Me has hecho reir :-). Gracias ;-).
Pero tu simpatia no va a salvar al pueblo de la aniquilacion total :p.
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