lunes, junio 26, 2006

Hasta aquí (Propuesto por Gacela)

-Bueno chico, nos has pagado un montón de dinero para que compartamos contigo nuestra sabiduría. Tendrás que confiar en nosotros y seguir a rajatabla nuestras indicaciones. ¿De acuerdo?

El hombre que acaba de hablar, es un anciano de unos ochenta años, sostiene un bastón tan nudoso y rígido como él y parece no haber sonreído en toda su vida.

- Entendido - le contesto.

Yo soy un joven, no tan joven, normal, no tan normal... ¿vosotros sabríais describiros fielmente?, pues yo tampoco.
Estoy en lo alto de un acantilado, a unos quince metros del borde, me acompañan el anciano y un empleado suyo que parece salido de una película de gangsters.
Hace bastante viento y algo de frío. Tengo la piel de gallina bajo la camiseta.

- Perfecto, antes de que te enseñemos lo que nos has pedido, te vamos a hacer pasar una prueba - Escucho con antención sus palabras y asiento con la cabeza.
- Quiero que corras todo lo que puedas, hasta llegar al borde del acantilado, verás que hay una linia roja pintada a cinco centímetros del borde. Quiero que dejes de correr y te detengas justo allí. Si te pasas, malo, si dejas de correr un sólo paso antes, muy malo. Si lo has entendido, corre.

Me tomo unos segundos para cojer aire y concentrarme. Es un poco rara la prueba pero lo que van a enseñarme bien lo merece.
Empiezo a córrer con todas mis fuerzas, el viento me azota con violencia y apenas oigo nada.

El borde se aproxima rápidamente y con él, la visión de la caída. Me acobardo, reduzco la marcha y dejo de correr demasiado pronto. Antes de que me de tiempo de recuperar el aliento, el bastón del anciano me golpea destrás de la rodilla, mi cuerpo se dobla y recibo un segundo impacto en plena barbilla. Caigo de espaldas al suelo falto de aire. Me llueven varios golpes más que seguramente me fracturan alguna costilla.

- Levantate y vuelve a probarlo. Esta vez no te quedes corto o será peor.

Me sangra la boca y me duele todo el cuerpo. Lo miro con los ojos desorbitados por la sorpresa, ni mucho menos esperaba algo así.
- Si crees que el conocimiento que pides no compensa, eres libre de irte cuando quieras. - me dice.

Sin responderle vuelvo sobre mis pasos, cojo aire dolorosamente y vuelvo a intentarlo. Corro todo lo que puedo, cojeo un poco pero me esfuerzo. Esta vez la visión del mar a más de veinte metros bajo mis pies no me acojona y mantengo el ritmo.
Cuando estoy a punto de llegar al borde, el anciano vierte un cubo de algo oscuro delante de mí. Demasiado tarde me doy cuenta de que es aceite. Intento detenerme pero mis pies resbalan.

Mi cuerpo da vueltas sin control. Vuelo como lo hacen las piedras pero sufro bastante más en el impacto con el agua. Por poco no pierdo el conocimiento. Nado a duras penas hasta la orilla donde me espera el gángster. Me levanta como a un saco y me carga sobre su hombro. No se ni si soy capaz de hablar, me duele todo y solo quiero tumbarme y agonizar tranquilo.

Recupero el conocimiento de nuevo en lo alto del acantilado.
- ¿Quieres un poco de agua?.
Uno espera que esa clase de oferta provenga de una voz amable, pero no hay una pizca de hospitalidad en sus palabras.

-Acabemos cuanto antes - Le contesto. Me incorporo como buenamente puedo. Me duele todo el cuerpo, incluida la cabeza.
El anciano me dedica una mueca que podría ser su idea de sonrisa y se aleja. Cuando está en el borde del acantilado me hace señas para que empieze cuando quiera.

Doy un par de pasos vacilantes y empiezo primero con un trote suave y doloroso hasta que cojo animos suficientes y empiezo a correr de verdad, todo lo que puedo. El viejo intenta la misma treta, pero salto por encima del aceite. Caigo justo en la linia roja e intento con todas mis fuerzas quedarme allí. Lo consigo.

- Vaya, vaya, vaya. Al tercer intento, no está nada mal. Pero si creías que esto era difícil, espera, porqué lo que nos has pedido es mucho más dificil de conseguir, y equivocarse suele ser mucho más doloroso. Discernir hasta donde puedes ser tu mismo cuando interactúas con otras personas, hasta donde debes ser sincero, comprensivo o agresivo a veces. Saber donde está esa linia y detenerte justo allí, va a costarte bastantes más de tres intentos y en más de una ocasión, equivocarte va a costarte algo más que un par de costillas.

lunes, junio 19, 2006

El último azul (Propuesto por Nepomuk)

Mierda... la camisa que me he comprado transparenta un poco y se me ve la marca. ¿Quién me mandaba a mi participar en esa estúpida carrera?. Pero si nunca se me ha dado bien correr... no se en que coño debía estar pensando. Aunque claro, y que conste que esto lo digo porque estoy pensando y nadie me oye, la culpa es del gobierno. Si claro, el gobierno tiene la culpa de todo. No seas sarcástico conmigo. Sólo me faltaba discutir conmigo mismo...

Pero es que es cierto, esto de marcar permanentemente de azul a la gente que pierde en algo, es una medida desproporcionada. Según ellos y, supuestamente, según sus millones de votantes, la sociedad estaba demasiado apática, se necesitaba un incentivo.

Tuve suerte, era una carrera dominguera que no importaba a nadie, por eso sólo tengo una raya azul en el hombro. Allí no la ve nadie, o casi nadie... es un poco embarazoso, con lo que cuesta ligar, que luego te vean la marca... procuro apagar la luz en cuanto empieza la danza, pero no siempre es posible. No sienta demasiado bien ver la cara que se les queda cuando la ven... a veces te enseñan que tambien tienen alguna marca, sonrien y la cosa sigue... Pero normalmente, te miran como si fueras un despojo y salen casi corriendo de tu vida.

Me estoy encantando y como llegue tarde al trabajo tal vez me gane una reprimenda, y como a final de año me nombren el peor empleado... seguro que me marcan la cara.

Ya estoy en el metro. Todo el mundo está tenso. Los marcados porque se siente el foco de todas las miradas y el resto porqué no quiere llegar a ser como ellos. Sólo una persona en todo el vagón parece estar tranquila y relajada, hasta diría que esta sonriendo. Es algo difícil de describir. Lleva un traje impecable, un maletín de piel de la mejor calidad, un reloj precioso, unos gemelos perfectos en los puños de una camisa magnífica, todo él rebosa clase, confianza e inteligencia.

Salvo por un detalle, tiene el pelo bien peinado ¡pero teñido de azul!, incluso las cejas... y la cara... va perfectamente afeitado, pero tiene toda la piel azul, y no sólo la cara. Las manos también, y el cuello. Cada centímetro visible de él es azul.
No puedo evitar mirarlo fijamente, no salgo de mi asombro... no quiero ni pensar la de veces que ha tenido que perder en algo para tener todo el cuerpo marcado. Pero es más que eso, su tono de azul es más oscuro que el de mi marca, así que imagino que le habrán marcado varias veces, una encima de la otra... y allí está, sonriendome, mostrando una dentadura perfecta y perfectamente azul también...

¿Cómo es posible que se sienta tan bien siendo un perdedor?, si todo el mundo reaccionase así sería el fin de esta absurda práctica... pero menudo precio, me gustaría ser tan valiente como este tío.

miércoles, junio 07, 2006

Llueve sobre mojado (Propuesto por Xavier)

Son las ocho de la mañana. Nuestro protagonista, Paco, se dirige con paso vivo a su trabajo. No llega tarde, pero amenaza lluvia y de todas formas, él siempre va con prisas. Es un hombre menudo, con un traje algo grande. Tiene unos ojos pequeños tras unas gafas enormes. Abraza su maletín como si pudiesen robarselo en cualquier momento.

Empieza a llover. Parece que las nubes hayan esperado a que el pobre Paco estuviese demasiado lejos de casa para volver por un paraguas. Rápidamente se coloca bajo un balcón. Hoy tiene una reunión y no puede llegar todo mojado, además el maldito traje le ha costado un dineral y el agua podría estropeárselo.

Mira a su alrededor desesperado y ve una pequeña tienda al otro lado de la calle. Tiene un gran cartel de madera, con unos espectaculares símbolos chinos de esos. En el abarrotado aparador hay un paraguas negro que desprende algo. Inmediatamente Paco decide que debe tenerlo.

El dependiente de la tienda es un anciano chino, con una gran barba blanca. Está dando sabios consejos a otro cliente sobre su última compra. Algo sobre no mojar con agua ni dar de comer después de no se que hora. Cuando porfín llega su turno y pide el paraguas, el anciano le mira de arriba abajo, medita un instante en actitud misticoreflexiva y finalmente se lo da.

Le recomienda encarecidamente que lo use sólo cuando llueva. No es bueno abusar, le dice. No puede andar todo el día por ahí con un paraguas abierto, debe valerse por si mismo. Úselo sólo cuando llueva, le repite.

Mirando al anciano como si de un loco se tratase, Paco sale a la calle con su nuevo paraguas y lo abre. Inmediatamente deja de llover. Perplejo, cierra el paraguas y sigue caminando. Al cabo de un par de minutos vuelve a empezar a llover, de modo que nuestro amigo abre de nuevo el paraguas con el mismo resultado, la lluvia para en seco.

Cuando porfín llega al trabajo, un compañero le dice que el gerente le ha llamado a su despacho. Sin dejar nada en su cubículo, Paco sube al ático y espera, maletín y paraguas en mano, a que el gerente le atienda.

Entra, se sienta en una comoda silla frente a su serio superior y espera temeroso alguna reprimenda o mala noticia. El gerente le dice que es un gran trabajador, que la empresa le valora mucho pero que debe pres... Antes de que termine la frase y sin saber porqué, Paco abre impulsivamente su paraguas. El gerente perplejo y sin terminar de hablar le pide amablemente que vuelva al trabajo. Unas horas más tarde el gerente ha despedido a su compañero Jesús.

A la hora del desayuno sale a la calle, hace sol pero ni loco se separa de su nuevo protector. Le da un vuelco el corazón cuando oye el timbre de una bicicleta demasiado cerca. Abre el paraguas como buenamente puede, justo a tiempo para ver como un ciclista que se le venía encima sale proyectado hacia atrás como por arte de magia .

Embriagado de poder decide poner a prueba su asombrosa compra y con el paraguas abierto cruza la calle sin pensar. Cierra los ojos al oir frenazos y bocinas quejandose sin parar. El estruendo de un autobús al estrellarse le hace abrirlos de nuevo. Él esta intacto. Bien. Hay varios coches en posiciones imposibles y un autobús incrustado hasta la mitad en un restaurante.

Es consciente de que es el responsable de varias muertes, también de que a él no le ha pasado nada, ni puede ocurrirle nada mientras esté bajo el paraguas abierto. Si lo cierra la policía podría apresarle, algun familiar de las víctimas intentar vengarse, su gerente despedirle...

Varios días más tarde, Paco sigue en casa encerrado, con el paraguas abierto y sin atreverse a salir. Es curioso que cuanta más seguridad se posee, mas temor se sienta.