Malas Tierras (Propuesto por Cristina)
Tres jinetes se detuvieron antes de entrar en el valle. Iban vestidos de cowboy, con sus sombreros, chalecos, camisas, botas y pantalones llenos de polvo. El viaje estaba resultando más duro de lo previsto. El desierto suele ser despiadado, pero ese calor era demencial.
- Deberíamos rodear el valle, hay demasiadas historias... - Dijo el violento.
- si lo llaman Malas Tierras será por algo, no quiero arriesgarme - corroboró el temeroso.
- Apenas nos queda agua, allí con tanto verde debe haber algún pozo. Además en el valle estaremos algo más resguardados del sol - Intervino el raro.
Por esta vez el raro se impuso. Manteniendo un trote suave y alerta, los tres compañeros descendieron hacia la falda de la montaña donde empezaba el temido valle. Progresivamente el calor fué reemplazado por una suave y fresca brisa que al pasar a través de los arboles que ahora les rodeaban, les envolvió en un agradable manto de olores florales.
El raro inhalaba con avidez el aire refrescante que acariciaba delicadamente su cara.
- Chicos, ¿no os parece fabuloso este cambio de temperatura?, ahora un buen lago donde darse un baño y sería feliz .
- ¿ Cómo es posible un rincón así en medio del maldito desierto ? - contestó el temeroso con recelo.
- Ni lo se, ni me importa. Crucemos cuanto antes este extraño lugar - añadió el violento.
El bosque finalizó bruscamente, siendo reemplazado por una plantación de manzanos repleta de carteles donde se leía claramente: " ¡No robar patatas! ". En medio del campo vieron una casa que debía pertenecer al granjero responsable del manzanar.
- Tengo hambre, ¿que os parece si nos acercamos a aquella casa y compramos unas cuantas manzanas? - Dijo el raro.
- A mi me parece evidente que lo que no podemos coger son patatas. Yo voy a llenarme el zurrón de fruta - afirmó el violento.
- tal vez el raro tenga razón, ¿y si nos disparan? - dijo el temeroso. Aún así, acompañó al violento en su recolección de alimentos.
- ¡Dejad mis patatas malditos ladrones!-gritó el granjero mientras se acercaba con una cesta enorme en las manos.
- ¡No son patatas, son manzanas maldito chalado! - contestó el violento mientras continuaba recogiendo la fruta prohibida.
- Vamos chicos, dejad las manzanas, és evidente que són suyas, podemos pagarlas- intervino el raro.
- Él solo tiene patatas, lo pone muy claro en los carteles - volvió a decir el violento.
El granjero continuó aproximandose cesta en mano.
- va a dispararnos, va a dispararnos - empezó a decir desesperadamente el temeroso.
- a mi no me dispara nadie - exclamó el violento, y dejando las manzanas en el suelo se giró pistola en mano y disparó al granjero en pleno pecho.
(R)- te lo has cargado... ¿porque has hecho eso?
(T)- era él o nosotros
(R)- Sólo llevaba una maldita cesta...
(T)- ¡llena de armas!
Alarmadas por el sonido del disparo, varias voces empezaron a oirse desde diferentes puntos de la plantación.
(R)- vamonos de aquí antes de que nuestro amigo violento provoque una matanza...
Un par de horas después los tres jinetes estaban terminando de cruzar el valle cuando llegaron a la orilla de un lago.
(V)- ¿no querias darte un baño?
(R)- lo que quiero es olvidar lo que ha ocurrido antes, quiero terminar este viaje cuanto antes. Llenemos las cantimploras y larguemonos.
(T)- Eso, no me gusta nada lo tranquilo que está todo esto.
Mientras rellenaban las cantimploras, aparecieron tres chicas preciosas que completamente desnudas pasaron junto a ellos y se metieron de cabeza en el agua. Al raro casi le da un infarto, el violento no se perdió un detalle de los tres cuerpos mientras sonreía lascivamente.
Temblando como una hoja, el temeroso empezó a articular palabras sin voz.
Las tres chicas les sonreían divertidas desde el agua.
(C1)- Forasteros, vemos muy pocos por aqui - dijo una de las chicas con evidente provocación.
(C2)- Si, estamos muy solas - añadió otra.
La tercera se limitó a nadar tranquilamente hacia el raro para devolverle la cantimplora que se le había escapado flotando incomprensiblemente. Sus miradas estaban enganchadas.
Finalmente el temeroso consiguió hablar.
(T)- ¡Son brujas! ¡van a hechizarnos y a matarnos mientras dormimos, el raro ya ha caido en su influjo!
Al oir esto, el violento cambió su expressión lasciva por una mueca de disgusto y desenfundó de nuevo su arma.
El raro fue más rapido, desde la orilla del lago y consiguiendo apartar su mirada de la preciosa joven durante unos instantes, apuntó a su compañero y con voz decidida le dijo simplemente:
(R)- Ni se te ocurra.
Llevaban suficiente tiempo juntos para saber que hablaba seriamente, ademas la puntería del raro no era nada despreciable.
(T)- ¡Vamonos de aquí, ha caido completamente bajo el control de esas zorras!
Guardando de nuevo su arma y sin decir nada, el violento montó y junto con el temeroso partieron sin mirar atrás.
Más tarde contarían a todo aquel que se encontrasen, como habían sobrevivido milagrosamente a través de las Malas Tierras. Donde habían tenido que luchar contra un monton de locos de una secta que cultivaba frutas satánicas y donde por pura suerte habían coseguido eludir el control de tres brujas de belleza sobrenatural. Por desgracia el miembro más débil de su equipo había caído víctima de su influjo.


