sábado, enero 28, 2006

El único sueño és Valium para mi (Propuesto por Albert)

- Bienvenido Ricardo - me dice el psicólogo amable como siempre, con su voz profunda y tranquila, mientras me indica que me siente.
Acostumbrado a las películas americanas con sus divanes y sofás, es decepcionante encontrarme sentado en la que posiblemente sea la silla más cutre del Ikea.

- Bueno - continúa cuando ve que ya estoy cómodo - ¿Como ha ido la semana? - Acompaña sus palabras con la sonrisa del que sabe que va a provocar una avalancha de palabras. - ¿Has conseguido dormir algo?.

- La verdad es que no Ernesto... salgo del bar francamente exhausto, pero es llegar a casa y quedarme con los ojos como platos delante del televisor hasta que ya es hora de ir a la universidad. Está siendo más duro de lo que pensaba esto de estudiar durante el día y trabajar por la noche.

-Bueno Ricardo, quién algo quiere algo le cuesta, pero lo que realmente cuesta es saber lo que uno quiere - El tío se toma unos segundos para asegurarse de que me he dado cuenta de que acaba de decir algo super profundo. Es de lo más comprensivo y sabe escuchar. Es su trabajo claro. Pero a veces le pegaría dos ostias. - ¿ estás seguro de que es esto lo que quieres ? si tanto te cuesta dormir es que estás inquieto, insatisfecho probablemente. Si estuvieras a gusto llegarías a casa y dormirías como un bebé hasta que sonase el despertador. -

- Me encanta la biología y estoy seguro de que las clases me gustarían mucho más si llegase descansado a ellas. Y el trabajo no está mal, me pagan bien y hablar con los clientes me relaja bastante. Además, cuando le doy vueltas al coco son otras cosas las que me preocupan-


Algo se percibe en el aire, como un cambio de enfoque.

Me paso el resto de la sesión intentando que me diga en que piensa cuando no consigue dormir. Disimuladamente, claro está, preguntando sobre diferentes aspectos de la vida, intentando detectar si flojea en alguno de ellos. Pero habla sin titubeos y se le ve tranquilo en todo momento. A veces me pregunto si me toma el pelo y viene aquí simplemente porque se aburre y le sobra el dinero.

Con los cuarenta minutos de Ricardo termino por hoy, y voy a ver a mi colega y consejero Juan. Tiene unos pocos años de experiencia más que yo, pero los suficientes para tener secretaria y un despacho como Diós manda.

-Buenas tardes Ernesto - me recibe con una sonrisa franca y carismática, debe tener más clientes que yo, es mucho más bueno, eso está claro. Una sola mirada y ya te sientes mejor. Sus ojos dicen: "bienvenido al rincón de la tranquilidad". Y que sofá más cómodo... a veces me contentaría con que pusiera música y descansar en tan mullido reposa-culos.

¿Lo habeis notado? como una especie de vibración, ¿no? serán cosas mías.

Pobre Ernesto, la vida no podría irle mejor y habla como si todo fuese un desastre. Siente envidia evidente de mí y algo justificado está, todo sea dicho. Y es que se le nota a la legua su inseguridad, tal vez con sus pacientes sea capaz de disimularlo, pero se termina notando. En la postura que usas o en la manera de hablar. Tengo que conseguir que gane confianza en si mismo. O almenos quitarle los malos vicios, como esa manía de soltar frases supuestamente cargadas de significado.

Por fin termina la sesión, Ernesto se va dejándome con un agudo dolor de cabeza. Lo último que me apetece ahora mismo es ir a casa a aguantar la incontinencia verbal de mi mujer. Algo de sexo me iría mejor, así que llamo a María. Es bastante infantil y algo tonta, pero está muy bien hecha y es realmente agradecida.

Joder otra vez, ahora si que habreis notado algo, ¿no?

Otra relación insatisfactoria, estoy harta. Juan me impresionó al principio, con sus maneras y como me ayudó cuando acudí a él. Pero hace semanas que sólo viene a lo que viene, apenas hablamos. Además me trata como a una niña tonta, y con veinticinco años y a mitad del doctorado no me considero ni una cosa ni la otra.
Aunque no puedo culparle por pensar así de alguien que sigue contestando sus llamadas y dejándose utilizar como yo lo hago. Tal vez tenga razón después de todo y soy una estúpida.

Cuando se larga a su verdadero hogar yo me siento demasiado sucia para conciliar el sueño, así que decido bajar al bar a charlar un rato con Ricardo. Es un poco deprimente que la persona con quién más hablas sea alguién que te cobra cinco euros por cubata.

Ahora debería haber otra sacudida y volver a Ricardo, que nos cuenta que está enamorado de María y por eso no duerme, todo termina bien cuando en la siguiente perturbación María nos cuenta que se despierta en los brazos de Ricardo que la escucha y comprende... no se vosotros, pero yo con tanta sacudida ya me he mareado, así que lo dejo aquí.

martes, enero 17, 2006

Primicia óptica (Propuesto por Rosa)

Apuntar y disparar. Así podría resumir mi trabajo, pero es algo mucho más complejo. Un auténtico profesional busca una posición estratégica con suficiente antelación, se prepara tranquilamente y espera a que las condiciones sean inmejorables.

Mantener la calma y el pulso firme es más difícil de lo que parece. El momento justo puede tardar en llegar y mantener la vista fija e inmóbil en el objetivo puede ser extenuante. Antes solía tararear o pensar en algo relajante, pero eso me distraía y le robaba veracidad a mi obra.

Me gusta pensar en mi trabajo como algo artístico, me agrada creer que mi vida es arte. Así que no puedo andar por ahí precipitándome, cometiendo chapuzas. El primer disparo tiene que ser el bueno, como el de un francotirador. Gracias a Diós yo no mato a nadie, como mucho puedo herir la sensibilidad de alguno.

Los pocos que conocen mi obra saben que siempre intento capturar una escena que no se haya visto antes. O almenos presentarla desde una nueva perspectiva. Si se me permite la vulgaridad, lo visto está muy visto. Tenemos los ojos acostumbrados a no asombrarse ante nada. El paisaje que pasa ante la mayoría de las personas suele ser siempre el mismo. Las calles de una ciudad, una mesa de oficina, una casa relativamente ordenada.

Está en nuestra naturaleza querer ver algo más, por eso en la caja tonta nos bombardean con imágenes supuéstamente espectaculares. Pero el ojo humano se ha acostumbrado ya a la miseria y a las explosiones.

Mis primeras fotografías pueden ser catalogadas de absurdas. Un hombre mayor vestido de torero, con un flotador, una máscara de gas y unos pies de pato, no se ve amenudo. Es una extravagancia sin sentido, pero si lo ponemos en la cima de un acantilado, a la hora del dia apropiada y con las condiciones climatológicas adecuadas, si utilizamos el filtro de luz y el objetivo que corresponde, entonces obtenemos una obra de arte. Es en ese momento, tras revelar los negativos, que nuestros ojos se regocijan ante algo nuevo.

Últimamente, sin embargo, me resulta mucho más sencillo obtener imágenes sorprendentes para el observador. No me hace falta pensar absurdidades, simplemente recuerdo como eran las cosas hace suficiente tiempo como para que se hayan olvidado, o como deberían ser.

Así simplemente con un punk tendiéndole la mano a un policía o con una administrativa funcionaria sonriendo a un cliente, ya tengo lo que buscaba.

lunes, enero 02, 2006

Desde mi celda

Estoy de rodillas, desnudo y humillado en medio de un calabozo diminuto. Tengo los brazos en alto, no podría bajarlos aunque quisiera pues largas y gruesas cadenas me unen con el techo de piedra. Allí arriba, entre las dos serpientes de metal que sujetan cada uno de mis sucios brazos hay una apertura por la que entra un único haz de luz, como un rayo divino, que no hace más que señalarme sin apenas iluminar la pútrida celda que me aprisiona.

Un incesante fluir de agua se filtra a través de techo y paredes encharcando el suelo en el que mis piernas reposan. El maldito líquido se filtra hacia un nivel inferior privándome del alivio de una muerte liberadora pero permaneciendo el tiempo suficiente para enfriar mi cuerpo y enturbiar mi mente. Oigo su eterno goteo que me saca de quicio, siento su frío contacto a través de mis heridas rodillas y castigados pies que me roba la energía.

Pero no estoy vencido, sólo descanso un poco, no es fácil dormir en estas circumstancias. Me irá bien recuperar fuerzas, aunque ya haga una eternidad que no entre nadie a intentar redimirme.
Recuerdo hace tiempo cuando el gobierno solia enviarme algún emisario que intentaba convencerme de que las leyes eran como debían ser y que sólo debía seguirlas como hacía todo el mundo y podría salir a la calle y gozar del calor del sol.

Alguno conseguía escapar con vida, pero llegué a tener un buen montón de cadáveres al fondo de la celda. Los ahogaba con mis piernas, pensaron que con atarme las manos sería suficiente. Los guardias no se atrevían a venir por los cuerpos. Es curioso que ahora que me tienen aqui anclado com a un barco pirata al que porfín se le echa el guante me temen más que cuando corría en libertad por mi mundo. Será que aquí acorralado es cuando soy peligroso y no antés. ¿ Se darán cuenta también ellos ?.

Me levanto, miró hacia la apertura del techo, ¿porqué nunca he intentado salir por allí?. Porque seguiría atado a las cadenas, estúpido. Pero bueno, almenos podría mirar que hay. Trepando por la cadena que sujeta mi brazo derecho llego hasta arriba, me aguanto con una brazo y estiro el otro. No llego al final de la apertura y no encuentro donde agarrarme. Después de mil y una piruetas consigo introducirme en el agujero, el peso de las cadenas es grande, pero mayores son la necesidad y la curiosidad de saber que hay aquí encima.

Es un almacén, está lleno de material de construcción. Un grifo abierto parece ser el origen de las humedades de mi celda, lo cierro. Lanzo unas cuantas maderas y herramientas por el agujero y vuelvo a descolgarme hacía mi hogar forzado.
Me construyo un suelo liso y cálido, una cama y una silla. Con el tiempo las paredes se secan y todo parece más cómodo. Tal vez algún día forre las paredes o incluso derruya alguna. Puede que plante un bosque, llene un mar y bote de nuevo mi barco pirata. No suena muy realista, pero no voy a quedarme de rodillas con los brazos sujetos al techo toda mi vida.