Hasta aquí (Propuesto por Gacela)
-Bueno chico, nos has pagado un montón de dinero para que compartamos contigo nuestra sabiduría. Tendrás que confiar en nosotros y seguir a rajatabla nuestras indicaciones. ¿De acuerdo?
El hombre que acaba de hablar, es un anciano de unos ochenta años, sostiene un bastón tan nudoso y rígido como él y parece no haber sonreído en toda su vida.
- Entendido - le contesto.
Yo soy un joven, no tan joven, normal, no tan normal... ¿vosotros sabríais describiros fielmente?, pues yo tampoco.
Estoy en lo alto de un acantilado, a unos quince metros del borde, me acompañan el anciano y un empleado suyo que parece salido de una película de gangsters.
Hace bastante viento y algo de frío. Tengo la piel de gallina bajo la camiseta.
- Perfecto, antes de que te enseñemos lo que nos has pedido, te vamos a hacer pasar una prueba - Escucho con antención sus palabras y asiento con la cabeza.
- Quiero que corras todo lo que puedas, hasta llegar al borde del acantilado, verás que hay una linia roja pintada a cinco centímetros del borde. Quiero que dejes de correr y te detengas justo allí. Si te pasas, malo, si dejas de correr un sólo paso antes, muy malo. Si lo has entendido, corre.
Me tomo unos segundos para cojer aire y concentrarme. Es un poco rara la prueba pero lo que van a enseñarme bien lo merece.
Empiezo a córrer con todas mis fuerzas, el viento me azota con violencia y apenas oigo nada.
El borde se aproxima rápidamente y con él, la visión de la caída. Me acobardo, reduzco la marcha y dejo de correr demasiado pronto. Antes de que me de tiempo de recuperar el aliento, el bastón del anciano me golpea destrás de la rodilla, mi cuerpo se dobla y recibo un segundo impacto en plena barbilla. Caigo de espaldas al suelo falto de aire. Me llueven varios golpes más que seguramente me fracturan alguna costilla.
- Levantate y vuelve a probarlo. Esta vez no te quedes corto o será peor.
Me sangra la boca y me duele todo el cuerpo. Lo miro con los ojos desorbitados por la sorpresa, ni mucho menos esperaba algo así.
- Si crees que el conocimiento que pides no compensa, eres libre de irte cuando quieras. - me dice.
Sin responderle vuelvo sobre mis pasos, cojo aire dolorosamente y vuelvo a intentarlo. Corro todo lo que puedo, cojeo un poco pero me esfuerzo. Esta vez la visión del mar a más de veinte metros bajo mis pies no me acojona y mantengo el ritmo.
Cuando estoy a punto de llegar al borde, el anciano vierte un cubo de algo oscuro delante de mí. Demasiado tarde me doy cuenta de que es aceite. Intento detenerme pero mis pies resbalan.
Mi cuerpo da vueltas sin control. Vuelo como lo hacen las piedras pero sufro bastante más en el impacto con el agua. Por poco no pierdo el conocimiento. Nado a duras penas hasta la orilla donde me espera el gángster. Me levanta como a un saco y me carga sobre su hombro. No se ni si soy capaz de hablar, me duele todo y solo quiero tumbarme y agonizar tranquilo.
Recupero el conocimiento de nuevo en lo alto del acantilado.
- ¿Quieres un poco de agua?.
Uno espera que esa clase de oferta provenga de una voz amable, pero no hay una pizca de hospitalidad en sus palabras.
-Acabemos cuanto antes - Le contesto. Me incorporo como buenamente puedo. Me duele todo el cuerpo, incluida la cabeza.
El anciano me dedica una mueca que podría ser su idea de sonrisa y se aleja. Cuando está en el borde del acantilado me hace señas para que empieze cuando quiera.
Doy un par de pasos vacilantes y empiezo primero con un trote suave y doloroso hasta que cojo animos suficientes y empiezo a correr de verdad, todo lo que puedo. El viejo intenta la misma treta, pero salto por encima del aceite. Caigo justo en la linia roja e intento con todas mis fuerzas quedarme allí. Lo consigo.
- Vaya, vaya, vaya. Al tercer intento, no está nada mal. Pero si creías que esto era difícil, espera, porqué lo que nos has pedido es mucho más dificil de conseguir, y equivocarse suele ser mucho más doloroso. Discernir hasta donde puedes ser tu mismo cuando interactúas con otras personas, hasta donde debes ser sincero, comprensivo o agresivo a veces. Saber donde está esa linia y detenerte justo allí, va a costarte bastantes más de tres intentos y en más de una ocasión, equivocarte va a costarte algo más que un par de costillas.


