Virtualmente real
Ya no quedan muchos cajeros de supermercado en el año 2192. De hecho, durante años sólo había cajas automáticas en todas partes. El cliente seleccionaba lo que quería comprar, lo pagaba y la caja lo escupía. Pero mi jefe es un visionario, un buen día decidió abrir un "supermercado humano", donde se recuperaba el viejo espíritu o casi. El cliente, forzosamente adinerado, llegaba al local y en lugar de encontrarse con una máquina, era atendido por un empleado que tomaba su lista de la compra y le llenaba un carro con los artículos deseados. Posteriormente el cliente, sintiéndose como un viajero en el tiempo, como un intrépido aventurero en un safari por la historia, empujaba el carro hasta la caja donde otro empleado pasaba los productos uno a uno por una rudimentaria máquina, para posteriormente comunicar el precio total de la compra.
En realidad el primer empleado obtenía los productos de un máquina oculta al fondo del supermercado, un aparato idéntico al del resto de supermercados y de allí recibía el precio que comunicaba a su compañero cajero de antemano. -El contacto humano esta bien, sus errores no tanto - dice siempre el capo.
Así es pués como conseguí el trabajo de mis sueños. Me siento durante cuatro horas al dia frente a una máquina falsa y lo único que tengo que hacer es sonreir y mover productos ligeros de un lado a otro. Ni siquiera tengo que pensar nada, el precio me lo dan calculado, sólo tengo que actuar un poco. Y como el local es una pijada, el sueldo no está nada mal.
Y como puedo sentirme completo, pensareis... ¿como un cajero...? ¡MEC!, error.
¿Cajero? la semana tiene ciento sesenta-y-ocho horas, de las cuales soy cajero veinte, marmota como mucho unas cuarenta y el resto, salvo urgencias básicas satisfechas con la máxima premura, soy un chaman-punk de máximo nivel.


