Monje de clausura (Propuesto por Irantzu)
Suena el telefono.
(1)-¿Sí?
(2)- ¿Marc? ¿eres tu?
(1)- un poco pronto para semejante pregunta, ¿quién somos?, dame unos minutos...
(2)- si, está claro que eres tu. ¿Hacemos algo esta tarde?
(1)- Pués la verdad es que no me apetece mucho moverme, estoy en plan monje de clausura.
(2)- Es curioso que digas eso, mi primo el del pueblo se ha metido a monje.
(1)- No jodas... ¿y eso?
(2)- Cosas que pasan, se ve que lo dejó su mujer la semana pasada y mientras ahogaba sus penas en alcohol tuvo una revelación.
(1)- ¿la potada tenía la forma de la faz de cristo?
Unos minutos más de tonterías y colgamos. Pasé la tarde en casa vegetando, esperando que fuera lunes y tener algo que hacer. ¿Existe algo más patético que desear que empieze la semana por no saber en que emplear el tiempo libre?. Sí, la verdad es que hay cosas peores.
Lunes, primera hora, me preparo el tupper, la bolsa del gimnasio y salgo hacia el trabajo. En el metro hay un tio con traje que parece bastante nervioso.
-¡¡A la mierda!! - grita el tio raro y con todas sus fuerzas lanza su maletín contra la ventana que le queda más cerca, que se rompe hecha añicos al ser atravesada por siete quilos de papeleo envueltos en cara piel con cierres dorados.
El aire cargado atrapado en el túnel entra salvaje despeinando a todos los pasajeros cercanos a la ventana que apenas se inmutan. Sólo los más cercanos al ejecutivo se apartan unos centimetros con aire ausente.
El tio, con la mirada fija en el orificio que acaba de abrir, se arrodilla lentamente y empieza a susurrar mirando hacia el techo con las manos enlazadas frente a si en actitud religiosa.
Al llegar a la parada, sale disparado hacia la salida gritando:
- ¡Oh senyor, voy a servirte con devoción!- casi puedo ver lágrimas de emoción en sus ojos. Curioso. Subo el volumen de mi música y continuo leyendo mi libro.
Llega mi parada, me bajo, subo las tediosas escaleras hacia la salida. Al pasar las taquillas veo a uno de los empleados golpeando el cristal de su cabina con la cabeza violentamente. Después de varios golpes el cristal manchado de sangre empieza a agrietarse hasta que porfin la cabeza del pobre hombre sale fuera y tras coger una larga bocanada de aire grita:
- Hasta los cojones estoy ya de todo esto, me largo al monasterio.
Mete la cabeza dentro una vez más, coge carrerilla, atraviesa el cristal con todo su cuerpo y sale corriendo hacia fuera.
Al llegar al trabajo advierto que Rodrigo, el más madrugador de mis compañeros, no está.
- María, ¿sabes si le ha pasado algo a Rodrigo?.
- me llamó ayer, que pilló a su mujer con otro en la cama y se ha metido a monje.
- anda no me jodas... recuerdame que nunca vuelva a bromear con lo de hacerme monje de clausura.


